miércoles, 4 de mayo de 2011

De chulel y viaje a la Amistad entrañable.

Pos sí, el viaje a Chiapas la final fue solo, como me lo presentí desde un principio, no era el deseo por supuesto, pero era muy probable, tanto que al final así mero fue.

Aquel viernes 15 de abril llegué al aeropuerto de Tuxtla, calor y humedad que son lo común en está tierra baja, y al frente, la sierra hacia SCLC, el verde en el horizonte y la bruma del amanecer; en mí se movían sentimientos conocidos y agenos, la ruptura, el fin de una buena historia que me hubiera gustado se creciera como selva, el comienzo de una nueva etapa, el cierre de círculos de vida, la búsqueda de rutas de escape y camino verdadero.


Pos sí, ya en el taxi colectivo la conversa con las chicas que compartí taxi, era de hacerle un poco al guía de turísta, a una chica de New York con su bebé de 10 años y otra defeña universitaria que venía a encontrarse con amigos para irse a la Laguna de Miramar.

Entrando a la ciudad, por aquella curva de la carretaera Tuxtla-SCLC, se mira el valle de Jovel, Villa Viciosa, SCLC y una ola de recuerdos y emociones se aglomerarón en el pecho y el estómago, aquí empezaron muchas historias de vida, entre ellas la que terminaba a la distancia, mi chulel, pensé, vengo a recobrar el chulel que se me perdió como el unicornio de la canción de Silvio Rodríguez.

Primera parada, la casa de Leonardo, el amigo que se casaría al día siguiente y uno de los motivos de mi visita, que curioso pensé, vengo de visita yo que tantas madrugadas andé sus calle, yo que tantas noches auyé como lobo, yo que tanto amor conocí y desconocí, yo, que tanto quiebre y cambio de rumbo viví.

Sí, de visita, entrando al pueblocidad, ver novedades no gratas, el Walmart, el Hospital de las Culturas, avenidas con ese toque de modernidad depredadora que en cada ciudad se crece como malesa; diablos me dije, aquí sí están cambiando las cosas, por lo menos el pasiaje, por lo menos el cemento y la varilla que levantan imponentes naves mercaderas.

Llegar a la colonia Maya, ver la puerta y entonces tocar, antes había mandad mensaje de: Ya llegué, voy en camino a SCLC. Y ver que Mario abría la puerta me ha dado un gusto, aquel personaje que conocí paralelamente a Leo, y que descubriría después era su padre, ver a Emma, madre de Leo, a Leo listo para irse a trabajar, intento que no fructificó, a María,;oler la tierra, el pino, el pan, aquí estoy.

Abrazos, saludos, platica, chorcha, tanto tiempo sin verlos, tantas cosas que habían pasado en tan poco tiempo, o tan mucho, según la vida. Las preguntas por Camilo, las preguntas por la boda, las preguntas y respuestas que son de familiar confianza, Leo uno de mis mejores y más queridos amigos, Mario y Emma tíos adoptivos de cuando llegué a SCLC, o tíos elegidos, familia pues elegida desde hace mucho.

Y vamos pues a ver el lugar de la boda, vámonos pues a ver detalles de la boda, vámonos pues a conocer sin plan a la familia de la novia que ya estaba ahí, en el hotel donde todo sucedería al día siguiente. Yo era el amigo confianzudo que entre conversa y conversa sacaba un chiste de humor negro, con la confianza que siento con los Toledo Garibaldi, una confianza familiar, una confianza de fe, una confianza de que nos sabemos, o por lo menos, me saben bien demonios y ángeles.

La buena chorcha con la familia de Kathia, de ahí al desayuno en el Aroma y Café, lugar de Soco y Manuel, viejos conocidos de aquellos años del Museo Café Museo, donde descubrí que Mario y Leo eran parientes, padre e hijo, ja, grata sorpresa que no había logrado preveer con anterioridad; saludos, ese abrazo que se siente de quien da gusto ver, de quien a pesar del tiempo y la distancia, no ha olvidado, no ha dejado que la memoría claudique en el olvido.

Desayuno chiapaneco, mmmmm, acá se come como en pocos lugares, yo la verdad no he desayunado nunca como en SCLC y con tanta variedad, y con tanto café y con tanta buena conversa, recuerdos, ponernos al día y ahí comentarios de la boda: Falta el mezcalero, o el que sirve el mezcal en pequeños jarritos traidos desde Zacatecas, boda mezcalera, y ahí la pregunta. Noé, tu te harías cargo? Mejor encargo no pudiera haber tenido, yo encantado, pues a falta de ser padrino de foto o video, sería el mezcalero, eso para mi fue un honor, así que pues feliz.



De ahí, ahora sí, vete a bañar a la casa, con ciertas instrucciones de Leo de las cosas que me encontraría, historias nuevas, historias rotas, historias pues. Bañito, revisar correo, recibir la bebida para la boda, ron, wishky. Una vez bañado pues a la calle, a ver qué más cambió en el pueblo, viernes 15, inician vacaciones religiosas en México.

Al llegar a plaza catedral mi primer golpe de realidad, o como dicen los que no saben describir la complejidad, de surrealismo mexicano, indígenas zinacantecos (mayas pues) disfrazados de aztecas bailando con tambor, caracol y cascabel, me voltie cerrando los ojos y me dije: No estoy en Coyoacán, abrí los ojos y los ví, estaba en SCLC a un lado de un plantón de campesinos, viendo como danzaban, cual relíquias de gran conzumo de lo indio para turístas, aztecas zinacantecos, no puede ser!!!

De ahí recibir el mensaje de Marina, esa amiga espejo, amor que pudo ser pero no fue, se quedó en la mejor amiga, espejo pertinaz de mis desventuras y personalidad, espejo que me desnuda y con quien solo puedo ser yo y no un personaje, si a caso un patético Noé de carne y hueso, de amor y mortaja, de saber e ignorancia. Marina y Caleb, bellos que son, soprendido por el Caleb tan grande, la Marina tan mamá, yo tan visitante. Y vamos a dar la vuelta, a ponernos al día, con un pichito Caleb que es una bomba.



De ahí el paso siguiente, el Perfidia, Fabricio y Azael seguro estarían ahí; así que a ese bar restaurant que conocí en otro lugar, ahora está en el andador más transitado y turístico del pueblo, y sí, no me equivoqué, ahí estaban ambos, abrazos, saludos, preguntas y una cerveza para empezar a sentirme en el bar de la casa, en mi casa, en mi pueblo, en mis amigos entrañables. Primer día, Leo, Mario, Emma, María, Marina, Caleb, Azael y Fabricio, mision cumplida, los primeros entrañables que pasaban lista.



Esa noche tenía pensado dormir en casa de Mario y Emma, o casa de Leo, ahora casa para hospedar familiares, y yo, familiar amigo o amigo familiar? Pues ya en la conversa, la noche, las copas alegres y el Perfidia lleno de parientes y amigos de Leo y Kathia, pues agarré conversa con Fab y Aza, así que pues me invitan a quedarme con ellos en casa de Fabricio, dos visitantes hospedaría, al chilango en proceso de fuga y costura del corazón, y al sevillano zapoteco, casado y ya con hija, pensé: el Barjaus ya tiene segunda generación ahora sí.



Y sí, fui a dormir a casa de Fabricio, una casa que desde siempre le he envidiado, amplia, antigua, con un gran jardín florido, con temazcal incluido, sí, esa casa estilo romano, con un gran patio al centro, teja roja, pinturas, fotografías colgando por las paredes, coleccionista de arte que se ha convertido, nuestra sala Luis XV años con la que vivímos mientras fuímos Barjaus y que heredaría Fabricio en la disolución hace 7 años.



Volver a méxico City es volver al artificioso mundo del cemento, el dinero, la simulación y la fachada, me dije cuando ibamos camino a casa, para aquel lugar que sería mi casa durante mi estancia.

La Boda

16 de abril 2011, fecha que recordaré en mi memoria hasta que me muera, o hasta que el Alzahimer me lo impida. Yo sabía que la boda iba a ser elegante, pero informal, así que yo no usaría traje y corbata, como el mismo Leo haría y muchos más, yo sería uno de los desfajados de toda la vida que no podría evitar seguir siendolo, no, a mi el “buen vestir” nomás no se me da.

Pos el mero día de la boda había una como cierta emoción de encontrarme con tantos conocidos que asistirían, la mayoría no los había visto en años, Azael y yo andubimos juntos toda la mañana conversando de la locura de Leo, ¡¡volverse a casar!! qué loco nos decíamos, pero yo le comentaba que me daba hasta cierta envidia, porque esas cosas no pasaban en mi vida, después de mi larga vida de pareja con Adriana, todas las parejas con quien pensé podría suceder, si bien no una boda, sí un arrejunte amoroso y comprometido, pos nomás no le entraban, le sacaba “vuelta al parche” o de plano ponían sus miedos egoístas por delante.

Y nos dieron las 3 de la tarde, en casa de Fabricio para vestirnos para la ocasion, uno es fachoso pero tampoco es que no le meta estilo, ja! El Aza se puso elegante todo de negro, yo de colores, y entonces, ahora sí al lugar a donde se iba a celebrar un ritual sui generis, yo digo que intercultural, donde nos encontraríamos los seres queridos de Leo y testificaríamos un acto de amor compartido y un acto de compromiso con testigos, o sea, los invitados a la boda.

Y llegamos temprano, de los primeros y que una de las primeras personas que voy viendo llegar es justo a Leo, todo vestido de traje, corbata y zapatitos de “ vestir” que le dicen, wow! Nunca me había tocado verlo así, pero siempre, por alguna extraña razón lo imaginé, así que hice un poco de mofa y más que eso era la alegría que me producía su alegría o su locura, me daba harto gusto, así que hicimos lo inevitable, sesión de fotos de los tres con Leo elegante, ja!




Estaba en esas mirando a los que ya habían llegado cuando voy viendo al Arturo Guerrero, compa de la Universidad, de batallas y borracheras que ahora radica en Oaxaca desde hace muchos años y que yo tenía como 15 años de no verlo en persona, así que me ha dado un gusto abrazarlo y conversar con él, mientras los invitados al festín iban llegado.

Todas y todos elegantes, con sus mejores trapos, de saquitos unos, sport otros, con vestidos de noche unas, otras más informales, no cabe duda que el ropero se había puesto felíz, pues seguro que esos trajes no salen a pasear muy seguido en el pueblo; además debo confesar que algunas se veían particularmente guapas, les sentaba la elegancia. Saludar, conversar ese fue el inicio antes de que llegara la novia, qué te has hecho, ahora dónde estas, cómo te ha ideo, vas a volver al pueblo, preguntas frecuentes, curiosidad amiguil; en esos momentos de hola cómo estas, que gusto de verte, hace tanto tiempo, recibía de varias personas las felicitaciones y comentaros del proyecto videomusical Son pa’ llevar, muchos y muchas son seguidoras de lo que hago acá, así que me dió harto gusto que aunque lejos y con el tiempo de por medio, no nos perdemos el rastro.



Ahí comence a sentir que mucho había sembrado, que ese era mi sitio, mi lugar de afectos porque en el DF con todo, pues no tengo tanto corazón sembrado o todavía no pues, con todo y Son pa’ llevar que es lo que me da sentido en DF, esa empatía, cercanía con las gentes, no se ha forjado.

Cada invitado recibía un jarrito amarrado en un listón, para llevarlo colgado y recibir el brebaje bendito del mezcal zacatecano que Mario había traído y que padre y novio, habían dispuesto al puro estilo oaxaqueño, recibí las instrucciones de parte de Leo y Mario: Comienzas a servirles mezcal cuando la rezadora haya hecho lo propio en la ceremonia pero ella con posch; perfecto! Y ahí invitamos a Arturo para que fuera el otro mezcalero que sirviera durante el acto místico religioso pagano.

Por fin llega la novia con su vestido blanco, elegante, sus diamantes en la muñeca derecha como dice la tradición mestiza que debe ser, todos emocionados, por fin se haría la ceremonia que presidiría una rezadora tzotzil. Cuando llegó Kathia, Leo fue a recibirla y de ahí directos todos a una lugar acondiconado específicamente para los rezos, un lugar al pie de la montaña con tres cruces de madera dispuestas de cara a la misma, sobre un piso de cemento recubierto de juncia.



Instalados todos en su sitio, los novios franqueando a la rezadora, se dispusieron las velas, señal de abundancia, salud, amor, dinero; ofrenda a los dioses; el copal humeante inundaba el ambiente y luego los rezos en tzotzil, no entendíamos mucho, lo más destacado eran las palabras caxtlan y Jesús. Kathia y Leo hacían un gran esfuerzo por no reirse, no sé si era el nervio, la emoción, la pena, el no entender lo que decía la rezadora o todo junto lo que les provocaba esos espasmos en la barriga y el rostro, pero se veía que les costaba mucho trabajo no reírse.

Como en toda boda mexicana, los padres emocionados, las madres casi al punto de la lagrima y los amigos curiosos, alegres, hartos fotógrafos, pues ya ven que eramos Fotógrafos Independientes, muchos miembros de ese colectivo, el Fabian Ontiveros con una su camarota de película, el Efraín con su incansable cámara digital, el Alejandro con otra su más modesta pero no menos efectiva digital, yo con una mi camarita que me había prestado la Rosy momentos antes de llegar a la boda, que no era buena pero me dejaría testimonio del suceso.



En algún momento terminaron los rezos y la rezadora les compartío el posch sagrado como acto de compartencia, había cierto morbo en el ambiente de saber y ver si le cortarían el pescuezo a la gallina, acto ceremonial con el que se hace ofrenda de sangre a los dioses, pero no, solo se usó para hacer una limpia a los novios. Entonces, una vez bebidas las primeras copas de posch por los novios, Arturo y yo comenzamos a repartir mezcales a los asistente, unos con harto agrado recibieron en sus jarritos zacatecanos elaborados en el taller de alfarería donde chambea Mario, otros lo rechazarían por su abstemía al alcohol, unos más por sus miedos al mezcal y los menos porque no les gusta o andaban medio enfermos, fin de la ceremonia místicoreligosapagana y comienzo de la fiesta o el convite.

Los lugares dsipuestos en las mesas eran libres, uno llegaba donde quería y se sentaba con quien quiciera, solo las familias de los ahora esposos tendrían reservadas mesas específicas. Y de ahí la charla mientras yo iba de mesa en mesa, de jarrito en jarrito sirviendo aquel elixir embriagador mítico, el mezcal, haciendo conversación con cada mesa o cada persona a la que me disponía servirle, sorpesa de todos era el anfora de donde servía el mezcal, una pieza de barro negro tallada con varios motivos chichimecas, elaborada por el maestro artesano alfarero zacatecano con quien Mario trabaja, la chuleaba todo mundo, de ahí se me fue forjando el mote de mezcalero, que era como podían llamarme por si necesitaba de mis servicios, cual represnetante de Baco.

Platica, chorcha, chisme, alagos, en fin mucho se hablaba en las mesas entre amigos, amigas, familiares, fotógrafos, se libaba ron, mezcal, refresco, whisky, el volumen conforme iba pasando el tiempo, como siempre ocurre con los tragos de Baco, iba en aumento hasta que llegó turno a la primera banda de blues que amenizaría la tertulia, cantanta gringa o inglesa, no me quedó claro, fue la primera en meterle música al asunto, mientras yo me ponía al día con unas y con otros, mientras recorria mesas, conversas, cariños con las amistades viejas, las no tan viejas y las que se habían crecido por Faceboock, qué loco pensé, algunos eramos más amigos por Face que mientras nos vimos en el pueblo, pero solo algunos.



Las fotos del recuerdo, seguro deben andar rolando hartas en las redes sociales. Mezcalero!! Gritaba alguien por allá, y yo debía dejar conversación para asistir a aquella persona que necesitaba de los servicios que resultan del agave, servía, recorría mesas preguntando ¿Más mezcal? Estaban los que decían: No gracias, los que afrimaban inmediatamente, los que lo pensaban, a estos les aplicaba la de: Si ya lo pensaste ahora te sirvo y te lo bebes, mi función era embriagar a los más para que se fuera poniendo su corazón enchido de alegría y se pusieran algarabillosos, pa' que todos disfrutaramos, no borrachales, sino embriagados del ambiente, las emociones, los encuentros, la conversa.



Ya un rato aquí con las amigas hacienda platica, ya un rato allá con los familiars de los recien casados nuevamente, ya un rato acullá con los músicos. Se fueron transcurriendo las horas, la tarde caía en aquella falda del cerro, jardín hermoso donde se realizó el acto, dispuesto en la parte nororiente de la ciudad y desde el cual se podia observar a Villa Viciosa completita. La tarde caía suave, lenta, fresca, mientras la gente entraba en un calorcito fraterno, cercano, amable, ahí sentí eso de Pueblo chico, corazón grande.

Yo alegre, alegre, saludando y conversando con Axel, Xochitl, Socorro, Kaith, Marissa, Juanita, Ana (antes de su derrame cerebral), Claudia, Berenice, Fabian, Michael, Fabricio, Sandra, bueno un sin número de conocidos y amigos que me encantó ver al mismo tiempo; agradecía a Kathia y Leo evitarme el andarlos buscando a cada uno por el pueblo. En ratos me caía cierto sentimiento de nostalgia, por aquella persona a la que yo amaba, que estuviera tan lejos y tan distante, ya se había terminado esa historia, se había muerto con su partida, pero de pronto alguien gritaba: Mezcalero!! Y regresaba al momento de alegría que inflamaba mi corazón.



Yo mantuve el temple, mi labor era embriagar, no embriagarme yo, así que iba a paso lento, atrás de todos, porque eso de cumplir la tradición seguro me hubieran tenido que levantar del suelo, porque el mezcalero sirve y brinda con cada invitado al cual le sirve, eso para mi no era opción, sino mero dato cultural.

Y llegaron las viandas, con ellas más bebidas, para dar paso a los discursos. Y así, como en cada boda que se respete, hay palabras de los recien casados y sus padres y madres, pero en este caso solo de los padres y desposados, quienes invitaron a dos viejos amigos, Gaspar y Pancho, para que también dieran una su palabra. Primero Leo que agradeció emocionado a los que habíamos llegado, unos desde Sevilla, otros desde el DF, Oaxaca, Zacatecas, Can Cún, en fin, de varios lados pues.

Tocarían las primeras palabras de los progenitores al padre de Kathia, palabras que a mi mente ahora no llegan porque creo fueron bastante convencionales, después las de Mario, ese un mi tío adoptivo en Chiapas, quien habló de nubes, rocas y esperanzas, bonito el discurso, enterneciome el corazón, Emma casi llora, Mario terminó recomendandoles que: Nunca envejezcan. Después el turno para Gaspar quien estuvo muy salido, nos habló del movimiento indígena campesino en Chiapas, en algún momento pensé: Me invitaron a una boda o a una conferencia de Gaspar sobre el movimiento indígena campesino en Chiapas del periodo 1970 al 2011? Gaspar fue como la nota, pues lo único que dijo sobre la boda fue: No sé que tiene que ver todo lo que dije con Kathia y Leo, pero les deseo lo mejor; risas y aplausos, más risas que aplausos por supuesto.

Luego Pancho, quien conocido poeta, loco, videasta, formador, buscador, todos, creo, estaban a la expectativa de qué dijera o se pusiera loco al hablar, pero no, dijo unas muy tiernas palabras sobre el amor y el compromiso que conmovieron a los asistentes, entre esos yo que ya llevaba unos mezcales dentro para alcanzar la fiesta; de ahí las últimas palabras de Kathia terminaron por ponerme en un estado de añoranza, cuando llama a Atreyu para que con los tres juntos, ella dijera: Esta es la familia, y zaz! casi lloro de puro acordarme que la mía amada se había perdido en el camino, pero pos no, porque de ahí invitaron al baile.



Ya en el baile todo era jolgorio, fotos y más fotos, tragos y más tragos, risas nunca llanto, a bailar se a dicho, yo seguía en mi función pero más relajado, pues todo mundo estaba donde queríamos que estuviera, gozando, así que mi labor solo atendía a cierto sector de gustozos por el mezcal, número ya bastante reducido a esas alturas; así que me puse a bailar, servir, bailar, servir; Azael siempre me cuidó, como casi es su costumbre, hermano fraterno que es el bato, cuidó que no dejara la anforita en mal sitio, hasta que me descuidé y !zaz¡ que se cae y queda toda rota, yo ahí sí me sentí re mal, re apenado por haberme descuidado.



Pero después de la verguenza, me volví a conectar en la pachanga, nunca logramos convencer a los amigos de lanzar a Leo por los aires, Leo era el menos convencido claro, pero Arturo y yo, los más, pero como nadie nos dio bola, decidimos seguirle en el baile, la libación y el cachondeo bacilador. Con el baile la cosa fue poniendose más y más intenso, había una chica con la que estaba platicando que de pronto se me perdió cuando llego el Ponchito y compañia, quien medio bebido traía un su caracter de artista mamón, Aza y yo le ignoramos un poco, decíamos, está tomado, pero si nos sacaba de pedo, pues todo mundo andaba muy tranquilo disfrutando, pero a saaaber qué traía el Poncho.

Nosotros seguimos en la conversa, la bailada, la bebida y la alegría, hasta que a mi me llegó el momento de irme, podría haberme quedado toda la noche, como hicieron muchos de los invitados, terminaron a las 8 de la mañana del día siguiente, esposos y algunos invitados, yo como a las 4 me fui a casa ¿o me llevarón? Ja! No me perdí de borracho, me perdí en la conversación, por eso no tengo claro si me fuí o me llevaron, el caso es que pues no bebí tanto como para perderme, pero me les fuí tempra, no quería terminar borrachísimo sin saber qué onda, pues está boda no quería olvidarla jamás.



Es curioso, en las dos últimas relaciones amorosas que pensé iban a funcionar, las cerré con una boda de amigos míos, con mezcal precisamente, la de Elena y Carlos en Oaxaca allá por 2008 y ahora la de Kathia y Leo, ahora en 2011, parece que las bodas son el inicio de mis duelos, extraña paradoja de mi vida.

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